Paco Gómez: Raíces que transitan en mi voz en cada canción que escribo


¿Cuál es la primera experiencia que recuerdas con la música? 

La primera experiencia fue escuchando canciones que se cantaban en corro. Canciones populares cargadas de magia que memorizaba involuntariamente y queme resultaban tan incomprensibles como maravillosas en sus juegos de palabra y son. En mi casa se oía a menudo la llamada canción andaluza y por suerte se colaba de tanto en tanto una copla que me impresionaba. Me recuerdo con ternura cantando en el patio de los alrededores de la Iglesia de Santa Ana de Barcelona. Apenas si tendría doce años. En aquella placita, como amurallada, mi tío tenía una floristería y descubrí una sonoridad cautivadora entre aquellos muros. A los pocos días tuve mi primera guitarra.


¿En qué momento decidiste que querías cantar?


Yo diría, que escuchando los primeros discos de Víctor Manuel, en mi casa. Ya tenía 13-14 años. Asombrado por por la personalidad de las interpretaciones de Paco Ibañez o Víctor Jara. Me dejaban palabras por descubrir y despertaban emociones. Y empecé a escribir canciones, seguramente, para sentir emocionarme.


¿Cuáles son tus cantantes o músicos favoritos?

 

Complicado. La lista es interminable. Creo que cada cantante tiene una época en tu vida. Todos aquellos autores o autoras que para ti tienen una sensibilidad especial y que sobretodo tienen una presencia viva y palpitante en el escenario. Desde Jack Brel a Jose Antonio Labordeta, Paco Ibañez, Javier Ruibal, Amancio Prada, Santiago Auserón y Joan Manuel Serrat, entre otros formarían parte de esa lista de favoritos.   


Cuéntanos, por favor, alguna experiencia o anécdota que te venga a la memoria que tenga que ver con tu voz o tu experiencia profesional.

 

Tendría alrededor de 21 años y concursé en un certamen de cantautores en Hospitalet de Llobregat.  La experiencia que sentí encima del escenario mientras cantaba acompañado por un guitarrista me evídenció el poder que tenía la voz y la palabra  de conectar con los sentimientos de los demás. Fue tal el vértigo que no volví a subirme a un escenario hasta hace pocos años.


¿Qué opinas de la situación actual de los músicos y los cantantes?


Está en consonancia con el devenir de los tiempos. No se les confiere la importancia que tienen culturalmente, o sí, de ahí el interés porque no ocupen el lugar que merecen. 

 

¿Qué consejo o recomendaciones darías a los que empiezan ahora a cantar?


En primer lugar que escuchen a los autores y autoras, a los grandes, que en este país, hay muchos.

Que la construcción de una canción es un misterio y los misterios nunca se resuelven.

Que la mejor canción aún está por hacer.


¿Qué canciones te hacen llorar, y reír?

 

Reír, entendido como carcajada, no me hace reír ninguna canción porque la ironía y el sarcasmo no hacen reír, hacen sonreír. Las canciones no hacen reír o llorar, las canciones emocionan. Sábanas de seda, de Javier Krahe, e Hijo de la luz y de la sombra, de Serrat, emocionan profundamente desde dos resoluciones diferentes de la canción. 


¿Cómo compones?

 

Normalmente suelo componer letra y música casi en el mismo instante, suelen nacer bastante en un mismo instante. Puede ser en cualquier momento del día, sin obsesionarme, así como siempre escribo poemas por la noche, soy de los que piensa que buscar una canción no te garantiza encontrarla pero sí te permite tropezar con ella.


¿Qué te inspira más?


La fuente que alimenta la inspiración en mí es, sobretodo, la obra ajena.  La creación de los demás. Las manifestaciones artísticas de la gente. Ya sea cuando veo una película o las cabriolas de los trapecistas, ya cuando leo un poema o escucho una canción. La emoción que me transmiten son fuente que alimenta la inspiración. Y eso sea, posiblemente, sentirme acompañado en una manera de entender la vida en sociedad, en cantar todo aquello que por el alma pasa y en el alma bulle.     


La vivencias con la gente, el valor tan trascendente de lo cotidiano, el ritmo y la belleza de las palabras. 


¿Qué tipo de música escuchas actualmente?


Escucho folk y ópera, sin abandonar la canción de autor, y vuelvo, como no puede ser de otra manera, a los grandes discos de siempre. En esta etapa de la vida me reconforta sentarme a escuchar los primeros discos de los autores y autoras reconocidos. Disfrutar con la frescura que transmiten en su interpretación y en la propia composición de las canciones. 

Muchísimas son las canciones que a uno le gustan durante el tránsito por la vida, pero elige aquellas que viajarán en su alma a lo largo de la vida. Al final, te queda una alforja llena de canciones de toda confección y estilo. Como no puede ser de otra manera. Esas canciones viven conmigo.


¿Quieres añadir algo más sobre tu relación con la música?

 

Nunca se sabe, con certeza, qué alimenta la canción. Nunca podría enumerar ni nombrar los manantiales de los que bebe cuanto menos sus raíces. Algunas las conozco. Raíces que transitan en mi voz en cada canción que escribo. Pero la mayoría las encuentro cuando me descubro en ellas. Manantial no hay más que uno. Y de esas aguas beben los cantares de los hombres y mujeres que pueblan las tierras, que son, como ellas, raíces de la canción.

 

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